miércoles, febrero 20, 2013

Así se construye Colombia.



Texto retirado de: http://www.semana.com/nacion/articulo/la-ultima-entrevista-angelica-bello/333965-3
María Jimena Duzán: Angélica, antes que todo, muchas gracias por esta entrevista. Sé que es difícil poner el nombre y la cara para contar una historia dolorosa que infortunadamente es la historia de muchas mujeres en Colombia, víctimas a diario del abuso sexual. ¿Qué fue lo que les pasó a usted y a sus hijas?
Angélica Bello: Fui criada en un medio activista y desde muy joven me convertí en defensora de derechos humanos y sí… soy de izquierda. Todo comenzó en el año 96 cuando a mí y a mis cuatro hijos nos tocó salir de Saravena, Arauca, debido a las amenazas que estaba recibiendo mi familia, que era de la UP. Llegamos de improviso a Bogotá, pero luego, a los dos años, me fui para Villanueva, Casanare, con mis cuatro hijos. Tengo tres mujeres y un varón.
M.J.D.: ¿Y su esposo?
A.B.: No está conmigo. Soy, desde hace rato, madre cabeza de familia.
M.J.D.: ¿Qué pasó cuando llegó a Casanare?
A.A.: Pues que empiezo a trabajar en un vivero hasta que mi hija Brigitte, que en ese entonces tenía 9 años y pertenecía a los patrulleritos de la Policía, y Luisa Fernanda, la mayor, de 14 años, que era bombero voluntaria, son reclutadas por el bloque Centauros que dirigía Martín Llanos y que en esa zona operaba en cabeza de El Tigre.
M.J.D.: ¿Cómo fueron reclutadas?
A.B.: Ese día yo llegué de mi trabajo y me informaron que a mis hijas las habían subido a una camioneta. En Villanueva todo el mundo sabía que esa camioneta la manejaba El Tigre. Entré en un estado como de inconsciencia. Mi meta era encontrar a mis hijas. Yo sabía a lo que se estaban exponiendo, sobre todo mi hija mayor. Uno como madre presiente cosas. Inicié una búsqueda titánica que duró 25 días. Hablé con todo el mundo. Con la Policía, con la Defensoría, con el Bienestar Familiar, con el alcalde, con los concejales. Me fui a los botaderos, que es donde los paras botaban a la gente cuando la mataban, hasta que logré, no sé cómo, entrevistarme con Martín Llanos.
M.J.D.: ¿Y no le dio susto enfrentarse con Martín Llanos, siendo usted dirigente de izquierda?
A.B.: No sentí miedo. Por el contrario: me le arrodillé y le supliqué que me devolviera a mis hijas. Le dije que yo sabía que El Tigre las tenía. Digamos que él fue gentilmente déspota: me dijo que iba a averiguar. Y que si El Tigre las tenía, pues que me las daban. Discúlpeme si a veces no me salen las palabras, pero es que me cuesta trabajo contar estas cosas. (Mientras me hace esa aclaración la primera lágrima recorre su rostro).

M.J.D.: ¿En ese momento pensó que sus hijas estaban muertas?
A.B.: Yo solo le dije: mire, si están muertas o vivas, de todas maneras entréguemelas. Como a los dos días, unos tipos llegaron a mi casa en moto, me llevaron a una vereda por una carretera destapada y allí llegué a donde había dos carros: un Mitsubishi y un Montero. De las cajuelas me bajaron a las niñas y me las botaron al suelo y me dijeron que tenía una hora para salir del pueblo. En ese momento no calculé tiempos ni nada. Solo reaccioné y me acordé que tenía dos hijos más. Salí con ellas hasta Villanueva, pero cuando fui a ver, no me vendían tiquetes ni en La Macarena ni en La Sugamuxi.
M.J.D.: ¿Tuvo tiempo de saber si sus hijas estaban bien?
A.B.: La verdad es que no quise verles la cara. Me bastaba con saber que estaban vivas y que no me las había entregado muertas, que fue para lo que yo me preparé. No me preparé para verlas vivas. Pero cuando vi que no habían muerto, entendí que tenía que salir de allí rápido. No pensé ni en empacar ni en nada por el estilo. Agarré a caminar con mis cuatro hijos. Caminamos muchas horas, hasta que nos recogió un camión que nos dejó en Villavicencio. Al llegar a esa ciudad, me metí en la iglesia con mis hijos a rezar. Me le arrodillé a mi Dios porque ese día pensé en suicidarme con mis hijos.
M.J.D.: ¿Y cómo logró sacar de su cabeza ese pensamiento? 
A.B.: Era la segunda vez que me tocaba salir sin nada y no tenía qué darle a mis hijos. No tenía un techo donde meterlos… No tenía nada. Y sí: pensé en suicidarme con ellos. Me arrodillé, recé el rosario; pasó la misa y yo seguía allí en la iglesia llorando. Le pedía a Dios la fortaleza para la decisión que iba a tomar y su bendición y que me perdonara por lo que iba a hacer. Cuando el padre William terminó la misa y vio a mis niños sentados, se nos acercó. Me preguntó que por qué lloraba tanto. Le respondí que mis hijos tenían hambre. El padre los entró a la vicaría, les dio sopa y me dio albergue. Duré allí como un mes. Luego, con la comunidad, él me consiguió ropa, unos camarotes, una casa donde vivir… Él fue el ángel en ese momento.
M.J.D.: ¿Para entonces usted ya había hablado con sus hijas sobre lo que había sucedido durante su secuestro?
A.B.: Mis hijas no me comentaban nada. Mi hija menor, Brigitte, quedó con las marcas en las muñecas porque de ahí la amarraron. Fue años después que me enteré que mi hija mayor, Luisa Fernanda, había sido víctima de abuso sexual.
M.J.D.: ¿Y por qué se demoró tanto en contárselo? 
A.B.: Ella terminó contándomelo cuando a mí me pasó lo mismo. Solo en ese momento ella tuvo el valor de contarme lo que le había sucedido.
M.J.D.: ¿Y es que también abusaron sexualmente de usted?
A.B.: Eso me sucedió el 26 de noviembre de 2009, saliendo del Ministerio del Interior a las tres de la tarde. Ya para entonces era una reconocida líder de las mujeres desplazadas, había sido víctima de un atentado en 2003 y había enfrentado amenazas constantes. A la salida del Ministerio, dos tipos me interceptaron. Me subieron al taxi y me llevaron por la circunvalar hasta los puentes que hay cerca de la Universidad Manuela Beltrán. Me quitaron los papeles y mi celular. Me llevaron a un bosque pendiente. Me jalaron del pelo, me cogieron a patadas, me… uff… me…
M.J.D.: Si quiere no seguimos…
A.B.: Si me da un minuto. En ese bosque pendiente abusaron sexualmente de mí. Yo digo que fue una violación oral. Me tocaron los senos y luego me hicieron sexo oral, mientras uno de ellos me ponía una pistola en mi cabeza. Según ellos, no me iban a matar porque no me iban a hacer mártir, pero cuando me introducían su miembro en mi boca, decían que así era que me tenía que mantener: callada. Luego cogieron una botella de agua y me limpiaron. Me hicieron tomar grandes cantidades de agua. Después supe que esa era la forma en que ellos desaparecían sus huellas. Uno de ellos estaba tan confiado que se me puso enfrente y me dijo: mire esta cara porque se va a acordar de ella toda su vida.
M.J.D.: ¿Por qué no fue a la Fiscalía a denunciar ese abuso, como lo ha hecho cada vez que le hacen amenazas?
A.B.: Porque por primera vez en mi vida estaba realmente atemorizada. Ellos me dijeron que si denunciaba me iban a herir donde más me dolía, que eran mis hijas. Por eso decidí irme a La Guajira. Allí tenía una reunión con la Defensoría del Pueblo y me encontré con la doctora Pilar Reyes. Yo estaba toda amoratada, llena de golpes y ella notó que estaba mal. Me preguntó qué me pasaba. Le respondí que me había golpeado. Ella insistió y en ese momento yo ya no pude más y le conté todo. Al mes de haberme sucedido lo mío, ocurrió el abuso sexual de una de mis compañeras. Fueron dos meses bastante fuertes, pero decidí poner la denuncia a través de la Defensoría del Pueblo, gracias al acompañamiento de la doctora Pilar Reyes.
M.J.D.: ¿Y su hija mayor cuándo le confesó que ella también había sido víctima de abuso sexual?
A.B.: Oxfam había iniciado una campaña, 'Saquen el cuerpo de la mujer de la guerra', y me preguntaron si quería contar mi historia en El Tiempo. Yo accedí a hacerlo. En el fondo, sabía que esa era la forma de contarles a mis hijas lo que me había pasado. Yo llegué ese domingo a la casa y al comienzo no sabía cómo mostrarles el artículo. Finalmente se los di a leer. La que lo lee primero es mi hija Brigitte y luego mi hija mayor, Luisa Fernanda. En ese instante no me dicen nada, pero al cabo de unos días ellas me confiesan todo.
M.J.D.: ¿Y qué les pasó?
A.B.: Pues que mi hija mayor, que en ese momento tenía 14 años, fue violada por muchos hombres. Estuvo amarrada permanentemente y mientras la violaban su hermanita Brigitte veía todo. Fue una esclava sexual.
M.J.D.: ¿En qué va la denuncia?
A.B.: Pues fíjese que yo tengo unas amigas que venden colonias y cremas y duré 22 meses comprando una y otra hasta que di con la colonia de uno de mis agresores. Fui a la Justicia a dar la información, pero todavía ni siquiera me han llamado a hacer el retrato hablado. En cambio, sí me tocó llevarles el RUT, el certificado de Cámara de Comercio y llevarles las cartas de recomendación que demuestran que yo sí era activista de derechos humanos. ¿Qué quiere la Justicia?, ¿que sea yo la que vaya y encuentre a los tipos que me abusaron y se los entregue? ¿O será que tengo que tener palancas en las altas cortes para que el caso mío lo analicen?
M.J.D.: ¿Por qué es tan difícil denunciar este tipo de abusos?
A.B.: El solo hecho de ser víctima de abuso sexual es como si le apagaran a uno un botón. Sin ese botón uno no puede pensar ni movilizarse. Es también el miedo al escarnio público. Yo llegué a pensar, se lo digo honestamente, que yo me había buscado esto por bocona, por activista. Además, es muy difícil para las mujeres ir a denunciar. Antes de mi abuso sexual, acompañé a muchas mujeres víctimas de violencia intrafamiliar que eran violadas por sus mismos esposos y vi cómo era de vergonzoso llegar a contar lo que le había pasado a uno. Esto que hoy estoy haciendo aquí no es fácil hacerlo.

En junio del año pasado, Angélica Bello, la activista de derechos humanos que murió este fin de semana, habló con María Jimena Duzán sobre los abusos a los que fue sometida junto con su familia, de lo que ella consideró la inoperancia de la justicia para denunciar los vejámenes de los que fue víctima, entre otros temas.
Su muerte ocurrió en Codazzi, Cesar. Aunque se trabaja en la teoría de que se quitó la vida, pocos entienden cómo una líder de los derechos de la mujer tendría razones para hacerlo. Y que, además, lo hiciera luego de haber compartido una velada con una de sus hijas.
Este es el texto de la conversación...

jueves, julio 19, 2012

Pronunciamiento de la Autoridad Nacional de Gobierno Indígena de Colombia (ONIC), frente a la profundización del conflicto armado en los territorios Indígenas del departamento del Cauca.



Julio 18 de 2012
 
La ONIC, expresa a lo opinión pública nacional e internacional:

Que hace 21 años la sociedad colombiana realizó un pacto de organización civil y democrática, dando como producto la Constitución de 1991, en la que reconoce a los gobiernos indígenas como autoridades constitucionales en sus territorios. La misma disposición constitucional define que “De conformidad con la Constitución y las leyes, los territorios indígenas estarán gobernados por consejos conformados y reglamentados según los usos y costumbres de sus comunidades y ejercerán las siguientes funciones: Colaborar con el mantenimiento del orden público dentro de su territorio de acuerdo con las instrucciones y disposiciones del Gobierno Nacional”. (Artículo 330 numeral 7).

Que Según el derecho internacional y nacional de consulta previa y con base en  la Línea Jurisprudencial de la Corte Constitucional y las Sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se han definido los criterios de relacionamiento entre los pueblos indígenas y el Gobierno Nacional, aclarando que las acciones de intervención en los territorios indígenas que pongan en riesgo la pervivencia física y cultural deben ser debidamente consultados con los pueblos interesados.

Que el recrudecimiento del conflicto armado colombiano y particularmente  en el Norte del Cauca, ha llevado a que la población civil indígena se declare en resistencia pacífica frente al conflicto armado al exigir la desmilitarización plena e inmediata de los territorios colectivos, debido a que el fuego cruzado producto de la confrontación armada, viola los derechos humanos, infringe el DIH, y agudiza la situación de exterminio físico y cultural sobre los pueblos indígenas, tal como ha venido siendo señalado por la Corte Constitucional mediante Auto 004 de 2009  y el informe del Relator Especial para las libertades fundamentales de los pueblos indígenas,  de la ONU, James Anaya.

Que las justas exigencias de los hermanos indígenas Nasa del Norte del Cauca, gozan de plena disposición legal y constitucional,  y de una profunda fuente de legitimidad, debido que sus peticiones no están encaminadas a la segregación del Estado o a prácticas de separación;  por el contrario, la autonomía indígena como derecho constitucional es una herramienta de cooperación de los pueblos indígenas a través de acciones civiles que contribuyen en la construcción de la paz y la armonía del Estado colombiano.
 
Que los pueblos indígenas en distintas circunstancias hemos reiterado que somos víctimas de un conflicto que no es nuestro, pero del cual hemos sido históricamente víctimas, cuando las secuelas de la guerra afectan nuestras vidas de una forma desproporcional e inhumana.

Que los pueblos indígenas de Colombia hemos rechazado  de manera reiterada todos los actos de violencia provenientes  de todos los actores armados.
 
Que la presencia de los actores armados en nuestros territorios obedece a  intereses geoeconómicos y geoestratégicos que atentan contra nuestra cultura y autonomía.
 
Que estamos cansados de la guerra,  de la permanente confrontación armada dentro de nuestros territorios el cual afecta a nuestros niños, mujeres y ancianos.

Que al ser estigmatizados, discriminados y criminalizados, afecta el buen nombre del movimiento indígena colombiano.

FUNDAMENTADOS

En la Declaración de Naciones Unidas sobre Pueblos Indígenas que en su artículo 30, establece que NO se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas, a menos que lo justifique una amenaza importante para el interés público pertinente o que se hayan acordado libremente con los pueblos indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado y en todo caso, los estados celebrarán consultas eficaces con los pueblos indígenas interesados, por los procedimientos apropiados y en particular por  medio de sus instituciones representativas, antes de utilizar sus tierras o territorios para actividades militares.
 
RECHAZAMOS:

La presencia de actores armados en los territorios indígenas, colocando a la población civil en medio del fuego cruzado.
Que se utilicen organizaciones paralelas no representativas de los pueblos y organizaciones indígenas de carácter local, regional o nacional, como la (OPIC) con la aquiescencia  del gobierno  para generar divisiones al interior del movimiento indígena y mal informar a la opinión pública.
La estigmatización, discriminación y señalamientos que hacen algunos medios de comunicación, políticos y sectores abiertamente anti-indigenistas como el diario El Liberal de Popayán y que colocan en riesgo a las autoridades indígenas la guardia indígena y las comunidades que hoy rechazan la violencia en sus territorios.
Los pronunciamientos del gobierno nacional en cabeza su Ministro de defensa que solo conllevan a incentivar la violencia contra los territorios y autoridades indígenas.
 
EXIGIMOS:

Al gobierno Nacional un debate público de cara a la comunidad nacional e internacional sobre la crisis humanitaria que viven los pueblos indígenas de Colombia, en el marco de una iniciativa de paz entre el Estado y la Sociedad Civil.

Que el Gobierno Nacional solicite de manera extraordinaria una visita del Relator Especial de Naciones Unidas sobre las libertades fundamentales de los pueblos indígenas y conozca de inmediato la crisis humanitaria que vive el pueblo Nasa en el Norte del Cauca y los demás pueblos indígenas de Colombia.

A los actores  del conflicto armado, particularmente a las Guerrillas de las FARC, para que respeten la vida  y la integridad física y cultural de los pueblos indígenas. Al igual que exigir a la fuerza pública No utilizar la fuerza contra la población civil indígena, sin que antes se agote la vía del dialogo a través de una comisión nacional de organizaciones indígenas acompañada de los organismos de Derechos Humanos del Sistema de Naciones Unidas con presencia en Colombia y los organismos del Estado defensores de los Derechos Humanos.

Convocar a la Mesa Nacional de Derechos Humanos a una sesión extraordinaria y ampliada de trabajo en el departamento del  Cauca.

Que la Corte Constitucional posibilite a las organizaciones indígenas del país, una Audiencia Extraordinaria que permita evaluar el estado de avance de los Planes de Salvaguarda Étnica y el Programa de Garantías en el marco del Auto 004.

Convocamos a las organizaciones aliadas a la ONIC  defensoras de los derechos humanos en los niveles regional, nacional e internacional a realizar un informe conjunto que pueda tenerse en cuenta durante la evaluación de Colombia en el Examen Periódico Universal de la ONU (EPU 2012).

Instamos a la Guardia y a las autoridades indígenas no utilizar la fuerza en los procesos de resistencia.

RESPONSABILIZAMOS

Al gobierno del presidente Juan Manuel Santos de las represalias que se  puedan tomar contra la vida, la integridad física y la libertad de las autoridades indígenas y miembros de la guardia indígena en el Cauca y a nivel nacional, como consecuencia de los constantes señalamientos por parte del gobierno nacional y la fuerza pública.

A las FARC, por poner a la población civil en medio de la confrontación armada, reclutando a menores de edad, cooptando la autonomía indígena  y utilizando los territorios indígenas para la guerra.

RESOLVEMOS

Acompañar a los hermanos indígenas del Cauca y hacer de su lucha nuestra lucha,  por la defensa de la autonomía, el territorio, la cultura y unidad de los pueblos indígenas de Colombia.

Autoridad Nacional de Gobierno  Indígena de Colombia (ONIC)
 
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Organización Nacional Indígena de Colombia
Calle 12B No. 4 - 38
Teléfonos:(57+1)284 21 68 - 281 18 45
www.onic.org.co
derechoshumanos@onic.org.co

Consejería de Comunicaciones, 
Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC 
Calle 12b No. 4 - 38 
Tels (57+1)284 21 68 - 281 18 45
Prensa: 3133432162
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miércoles, junio 27, 2012

Carta de intenciones. Por José Miguel


En los últimos días, de maneras diferentes, algunas de mis convicciones y construcciones políticas han sido colocadas en cuestión o simplemente preguntadas. No son gran cosa ni son sólo mías. Por qué esto, por qué aquello, por qué la rabia, por qué la intolerancia, por qué el cansancio. Esta carta es un intento para responder, parcialmente, en un medio en el que me siento más completo que en la oralidad. Una noche, en Chapinero, en Bogotá, caminando con Javier Hernández y Luis Gabriel Cardozo hacia algún lugar para rumbear, les dije que lo más decente que un burgués como nosotros puede hacer en este mundo es bajar una clase social con relación a la que nuestros padres alcanzaron en el tope de sus carreras. En la que nacimos. Y a ellos no les pareció una estupidez, por supuesto, pues mi afirmación no era más que una constatación (una adecuación éticamente conveniente?) de vidas que hicimos juntos.

Yo no guardo ninguna esperanza sobre el futuro del mundo. No creo que el mundo, y muy especialmente Colombia vaya un día a ser sustancialmente mejor de lo que es. De modo específico, no creo que vaya a ser jamás mejor en el sentido en el que algunos pensamos que debería ser: más libre, más justo, menos truculento, más placentero para todo el mundo… Y no hablo en vano. No son 50, pero son más de 10 años recorriendo “venas abiertas”, trabajando, resistiendo, circulando entre casas de pescadores artesanales y fiestas de hijos de empresarios. Y son otros tantos que como yo caminan,  oyen, conocen y cuentan. Que sabemos leer y nos gusta hacerlo.

Pero esa pérdida de esperanza no se puede equiparar al individualismo felicista y banal que algunas teorías new age y posmodernas nos propusieron en los años 80 y 90. No podemos dejar que nos cambien la lucha política y la resistencia cultural por la “responsabilidad social”, la caridad profesional o el “compromiso con la humanidad”. La humanidad no existe. Existen personas, grupos, redes, clases, tan buenas y tan perversas como nosotras, más diversas que nuestra imaginación, con las que nos encontramos para construir el mundo, en igualdad de condiciones, o no lo hacemos. Que yo no guarde ninguna esperanza con relación al mundo mejor no abre espacio para la renuncia a las luchas colectivas y a los proyectos de transformación y resistencia social, política y cultural.

Mis papás, como los de Luis Gabriel y Javier, nacieron en un mundo absolutamente diferente al nuestro. Y para hacerlo diferente trabajaron, se esforzaron. Nacieron lejos de las ciudades grandes, en espacios de fuerte herencia rural en los que el Colegio y la Universidad eran novedades y sueños, en casas profundamente machistas. Eran personas de grupos más o menos populares alrededor del año 40 en el Tolima, el Valle del Cauca, Santander y Cesar. Ninguno de ellos era hijo de militares, políticos o empresarios, ninguno nació en Bogotá, ninguno tuvo casi ningún privilegio al nacer. Su vida consistió en efectuar la versión colombiana del Estado de bienestar. Fue la oportunidad que tuvieron, el deber, como dice mi padre, de sacar adelante a sus hermanos, de estudiar, irse a la gran ciudad para ayudarla a construir, hacer negocios y ofrecerles a sus hijos todo lo que ellos no pudieron tener. Esas frases las he oído la vida entera. Las agradezco, aunque a veces pesan demasiado.

Escribo esto en un avión de la TRIP entre Tabatinga y Manaus, en el Amazonas brasilero. Con un pasaje aéreo que no pagué, en un computador portátil que sí pagué. La Universidad Federal de Amazonas, en Benjamin Constat (AM, Br), me invitó a dar unas clases para sus estudiantes de antropología. Vivo entre Rio de Janeiro y Sao Paulo. Esto es lo que nuestros papás y nuestras mamás, y ese estado colombiano de su juventud, permitieron. Y lo que el estado brasilero permite hoy. Pero esa Colombia de mis padres no existe más. El mundo en el que nosotros crecimos es radicalmente otro, y en el que nos hicimos/hacemos hombres (o mujeres) es otro. Otro. Aquí no hay más bienestar para nadie, hay restos de recursos naturales, restos de créditos, restos de democracia, restos de verdades, restos de cuerpos, restos de riqueza, restos de esperanza. Y la sevicia abundante que se traduce en torturas, masacres, reformas a la justicia, silencios periodísticos e útiles ignorancias artísticas. Hay también un poco menos de machismo, un poco más de placer, hemos aprendido a reírnos de todo esto y a maquillarnos mientras nuestros cuerpos se enferman y nos preguntamos por qué. Hay muchas cosas buenas y muchas cosas malas, pero proyecto de bienestar no hay más.

Veo a los ojos a mis amigos, amigas y a mí. Profesionales jóvenes (pero no tanto), en general gente inteligente pero nada de genios, ya nada inocentes; de pieles que comienzan a notarse curtidas pero aún brillantes… gente que nunca pasó hambre y que siempre supo que bajo su cama estaba el colchón de sus papás y mamás (por extenso: tíos, tías, amigos de, amigas de, vecinos, primos, primas…). No sé bien por qué ni como, tal vez por relaciones de parentesco, tal vez porque somos de una generación anterior a la reconversión conservadora, no lo sé, pero descubrimos que el mundo es una mierda. Descubrimiento contrario a los ejes de la carreta que nos esperaba en la otra esquina. Y me parece que en algún momento decidimos, más o menos, no jugar el juego que el mundo nos proponía como carrera de éxito. Es decir, decidimos no ocultar la mierda mientras colaborábamos en su producción. Yo me negué a la posibilidad de trabajar en RCN 13 años atrás, por ejemplo, y no es un acto revolucionario, pero me siento profundamente orgulloso. Todos renunciamos a estrellismos grandilocuentes, y optamos por caminos que creemos alternativos. Que pensamos como fundamentalmente pasionales (románticos que queremos ser), que imaginamos como más oscuros, como más o menos críticos. Nadie aquí es anarquista o radical en casi nada.

Nos veo aruñando al mundo, intentando robarle los límites por donde sea, mientras nos negamos a revolotear (más) acelerados, a tropezarnos nerviosas (más), y a convencernos (más) de la productividad, del bienestar individual, del self-help y de la happiness tropical obligatoria… mientras vemos como a algunas personas su dulzura y sus buenas intenciones les son engullidas por las máquinas del poder (sus papás, por ejemplo, sus jefes, sus maridos, sus esposas). A menos que nos metamos en negocios torcidos, o que renunciemos a cualquier nivel de escrúpulos empresariales y de ética social y política, jamás tendremos más dinero que nuestros padres. No es posible acumular tanto dinero hoy sin robárselo legal o ilegalmente a otros. A muchos otros y otras. Lo hemos visto: fuimos educados para el poder, hemos trabajado en el gobierno, en la cooperación internacional, en grandes empresas, con las Fuerzas Militares; tenemos amigos y amigas hijas de, dueños de. Nacimos en mundos que, por las decisiones que hemos tomado, hoy no podríamos pagar. No nos interesa hacer lo que sabemos que hay que hacer para tener tanto dinero, y no queremos ser pobres, apenas vivir bien, hacer lo que nos gusta y luchar para que todo el mundo lo pueda hacer. No creemos que tengamos más derecho que nadie a ninguna cosa, ni que merezcamos más que nadie.

(Creo que para otras personas, cuya realidad económica y social es menos privilegiada, les puede caber, como derecho y no como obligación moral, luchar para acceder a mejores condiciones, sin duda. Y creo que enriquecernos es impedírselos.)

Ser rico o casi rico hoy en día me parece indecente, ilegítimo: tanto como no verle problema en que otros lo sean, justificarlo, usufruirlo en paz, asumirlo como normalidad. No quiero tener más rabia, pero tampoco quiero acomodarme y dejar pasar, no quiero cerrar los ojos para los mundos que ya vi ni fingirme de cool-inocente. Mi amigo Luis Felipe, en Rio de Janeiro, mientras celebrábamos el embarazo de su compañera y su propia paternidad, me decía feliz que lo único que le pedía a la vida es que tuviera la sabiduría para darle a su hijo bases suficientes para respetar la diferencia, para no ser machista, racista, clasista, xenófobo… Hace unos días oí la conversación de dos jóvenes esposas de mi misma clase social de origen y ciudad natal. 28 años. El tema era la manutención del hogar y la dificultad de lidiar con las empleadas del servicio. Mujeres con todos los privilegios, con acceso a la mejor educación y al mundo entero. Sentí una rabia y una tristeza enormes: oía a mis tías y sus amigas tomando té un martes por la tarde. Mujeres nacidas en los años 30, antes de las conquistas feministas, antes de la masificación de la educación superior, antes de las grandes discusiones públicas sobre raza y clase… Eran las mismas palabras de desprecio, el mismo tono despectivo, el mismo guión orgullosamente repetido de esposa-patrona, pero disfrazado bajo una minifalda liberada!

No, por regla general, no podemos ser como nuestros padres (y todo regla tiene sus excepciones). Eso es algo que la generación de jóvenes de los años 60 y 70 entendió claramente y qua a nosotros y nosotras, gradualmente, nos lo han ocultado bajo la ropa de la buena onda, de la jovialidad, del éxito. “Minha dor é perceber que a pesar de termos feito tudo, tudo que fizemos, ainda somos os mesmos e vivemos como os nossos pais…” Cantaba Elis profundamente herida y emocionada.

Yo no sé si vaya a tener hijos o no. Creo que si pudiera embarazarme ya lo hubiera hecho en algún accidente espectacular. No sé si me vaya a casar o no, o cuantas veces o con quién; tampoco sé si siempre en la vida vaya a ser “noviero”, profesional, intelectual y heterosexual. Espero siempre poder amar de mejor manera a como lo he hecho hasta ahora. Este no es un giro intimista y sentimental, y aunque es también una declaración de intenciones amatorias, esta es fundamentalmente una carta política en un momento de crisis total de nuestros mundos reales, sociales y políticos. Nadie nació aprendido y sólo contándonos cosas cambiamos nuestros puntos de vista. No sé si tendré un día alguna propiedad raíz o si vuelva a tener un carro (ya tuve uno); o si este nudo en la garganta va a volver a convertirse en llanto como cuando era un pequeño llorón. No sé si un día me fugaré de lo real o me vuelva radical en algo. Puede que sí, a todo esto. O puede que no.
Pero espero no repetir a mis padres en sus peores cosas,  y agradecerles siempre sus mejores. Espero poder tener siempre una vida buena y sencilla, una vida sin demasiadas riquezas, sin miedos excesivos, sin más bienes que los estrictamente necesarios y sin alarmas alrededor de alguna casa. Espero siempre mantenerme alerta, despierto, prevenido con los espacios de poder, de mi propio poder; flexible a los aprendizajes y a los cambios. Descubrir el equilibro entre la ambición y la deriva, no como una virtud humana, sino como una condición de clase y de género. Que el exceso venga por los lados del placer, de la risa, del juego, de la creatividad, del respeto por los otros, de la lucha inconforme. Espero poder ser un hombre más tolerante e íntimamente libertario de lo que ya fui. Sí, sigo creyendo que renunciar a determinados privilegios y marcas objetivas y subjetivas de clase social (y de estas maneras de ser hombre y de ser “blanco” y de ser adulto) le hace bien al estómago, suaviza la piel y endulza las noches de sueño. Y las de amor también.

martes, junio 05, 2012

ROMANCE DE LA GUARDIA CIVIL ESPAÑOLA - Federico García Lorca



A Juan Guerrero,
Cónsul general de la poesía



Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas se conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

*

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche, que noche nochera.

*

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

*

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.

*

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entraron a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de moneda.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la guardia civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas;
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.
¡Oh ciudad de los gitanos!
La guardia civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

jueves, mayo 10, 2012

Alguns Poemas. Jeff Vasques -Campinas, SP, Brasil.


    • 1. Do 1º livro "Subverso - barulho no escuro do corpo"


      BILE

      às vezes, se matar é pouco

      é preciso mesmo
      desenterrar os mortos
      um a um
      corpo a corpo
      pai, mãe, avó, avô, tios

      tirar, cuidadoso,
      a terra do que lhes resta
      dos olhos
      e aprumá-los à mesa da cozinha.

      e, logo,
      servir o almoço
      tão cheiroso
      que eu mesmo
      - homem adulto -
      fiz:
      carne de panela ao molho
      (verde)
      (a receita do molho
      vem de gerações,
      minha mãe diz)

      Sentados então
      domingo em família
      dizer a cada um
      quão importantes foram
      pra que me tornasse
      hoje
      esse quem sou:
      assim.

      e olhar com carinho
      cada um dos corpos
      envoltos
      num silêncio constrangedor
      (nunca soubemos lidar
      com demonstrações de amor).

      e de repente gritar
      - felicitoso -
      um brinde à minha própria vida!

      E todos
      - cabeças pensas -
      não brindariam.



      2. Do 2º livro "Nada comum dia após o outro"

      GOZO

      Adoro
      como aceita
      minhas palavras
      na tua boca

      tão
      gentil
      assim

      mas,
      me conta

      engole
      ou as cospe
      no fim?



      3. Uma recente (ou "inédita")


      I.
      hoje em
      dia é
      fogo

      dois
      é demais

      um
      é tão pouco

      (e três
      tampouco
      é mais)

      II.
      hoje em
      dia é
      tenso

      amor
      se conta

      c'us dedos
      do meio

      III.
      hoje em
      dia é
      osso

      todo cuidado
      é corpo